miércoles, 12 de diciembre de 2012

El momento cero






Es de los raros y extraños  segundos en los que estoy  entre medio de dos pensamientos  y de repente me doy  cuenta de que me he  ido o mi  mente se ha ido en un espacio libre de ruidos cotidianos y distracciones varias. Es un espacio en blanco donde no existe nada o existe todo, o quizás mejor dicho, el silencio más absoluto, el punto cero o el punto de no retorno a veces tan soñado.


Conceptualmente sería como un espacio entre dos instantes  en donde solo estás tú contigo mismo y ese otro que no es más que parte de ti que parece que observa todo cuanto acontece alrededor  tuyo y dentro de ti y además, sin juzgar. En ese espacio puedes crear o recordar o simplemente dejar que te lleve a donde más apetece .Lo mejor sería no ver, no sentir, no recordar, no actuar. Simplemente ser sin ser .Ser sin estar .Ser y vibrar.

Estoy de pie delante de la estufa eléctrica intentando calentar mis manos frías, normalmente las tengo calientes hasta en invierno pero vengo de fuera y la calle está helada .Me acerco al mueble de madera delante de mí y abro el primer cajón, saco una antigua foto polaroid. Parece húmeda, la sacudo como para  hacer el gesto inútil de que se seque y observo unas figuras desdibujadas  alrededor de un fuego en un bosque en tierras lejanas .No me reconozco, hace tantos años que esa foto fue tomada pero recuerdo perfectamente ese instante. Sentada de espaldas a la cámara, disfruto del calor del fuego y de la compañía de mis seres queridos: mi padre, mi hermana mayor y un perro, un pastor alemán…



Y sigo con mis tareas matutinas fundamentalmente administrativas, pero continuo recordando en ese momento, ese sitio  en el que los olores de la tierra, del bosque, los árboles, los pinos y el musgo de la tierra húmeda, las hojas caídas, la madera que crepita en el fuego, las llamas hipnotizadoras  que invitan a no pensar y soñar a gusto .La sensación de que nada es preocupante y todo tiene solución... Imágenes que han quedado impregnadas en mi memoria  visual y olfativa para siempre aunque contradictoriamente y a la vez, olvidadas en algún recóndito de mi cerebro. Es tan solo un recuerdo anodino de un momento sin grandes lujos, muy sencillo en apariencia pero tan rico en su esencia, que mi mente se transporta automáticamente en esa burbuja protectora y feliz con tan solo mirar la foto. El paréntesis entre pensamiento y otro se ha apoderado de ese recuerdo y lo congela en el tiempo para que pueda revivirlo con toda la exactitud y detalle que merece. El sentimiento de añoranza es tan fuerte y poderoso, es como si todo el resto de mi vida no existiera, tan solo ese rato de bienestar interior, rodeada de naturaleza y de seres queridos aún sabiendo perfectamente que no recuerdo ni el antes ni el después .No recuerdo ni como llegue  hasta allí ni como me fui después.


Es extraño porque a pesar de recordar ese rato agradable, intento permanecer en ese momento cero entre dos instantes o pensamientos  en el que nada  seduce para atraparte entre recuerdos por muy agradables que sean o tentadores. Ese espacio entre pensamientos que está sin escribir, esa mente en blanco o ese agujero sin tiempo o como se quiera expresar, en el que nada existe salvo la conciencia del Ser. Esa conciencia que no piensa, que no se preocupa, que no sufre y sobre todo que no juzga a nada ni a nadie. 
Es ahí donde puedes experimentar la paz y el placer de ser  o mejor dicho de estar porque ese estado es transitorio  en este espacio-tiempo y sobre todo  porque es casi involuntario diría ya que usualmente uno no lo provoca sino simplemente, sucede… 
 

No hay comentarios:

Publicar un comentario