sábado, 8 de septiembre de 2012

Las caricias de un ángel





Un  ensueño de un día entre dos aguas mi mente entumecida aspira y sedienta del
recuerdo al aroma a flores exóticas tailandesas que aísla todo mi ser y me transporta en
el silencio casi sobrenatural  que planea como una suave brisa marina acariciando mi pelo.
Una paz interior envuelta en una burbuja protectora en el espacio tiempo donde la eternidad parece cobrar sentido. 
 Nada puede interrumpir esos momentos de éxtasis inexplicable en los que a ratos deseo  ver  los ojos del ángel guardián que los propicia.

Tan solo puedo sentir el tacto de sus alas, suaves plumas rozando mi piel y las hojas aún verdes de los árboles circundantes vistas desde el suelo recubierto de ramas, hojas caídas y tierra húmeda.

Esa tranquilidad que ruego en el fondo de mi alma que no me abandone jamás, una pausa en el infinito entre dos miradas distintas, el horizonte del mar y las vistas del parque.

Sé que en algún instante todo desvanece  y por eso lo disfruto el doble, el sueño se acaba porque el tiempo es el que separa e  impone inexorablemente  sus límites.
Despierto 

Ya no estoy allí pero atesoro la memoria de esos momentos que permanecen  intactos en mi recuerdo…


2 comentarios:

  1. Que gozada flor... empezar el lunes madrugando y desayunando el dulce néctar de tu prosa, te siento inspirada cuando escribiste este onírico texto, bonito y relajante... y al final, ¡el tiempo manda!
    Buena semana!!!

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  2. Hola Addison,me alegro de que te haya gustado y gracias mil por pasarte por aquí!
    Feliz semana igualmente y lo mejor para las vacas!

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